La trayectoria de Venezziola y su impacto en la integración cultural de Bucaramanga

 

Marina Fuentes Coma, una ingeniera civil venezolana, decidió cruzar la frontera y establecerse en Colombia, específicamente en Cúcuta, con el propósito de brindar mejores oportunidades a su familia. Su determinación, la pasión culinaria y el deseo de construir un futuro mejor para sus hijas fueron los motores de este cambio.

Decidió emprender su camino hacia la ciudad de Bucaramanga, donde empezó la venta de tequeños, una tradición culinaria venezolana, en un pequeño local en el Centro Comercial de la Cuesta, en Piedecuesta. Tras un año de esfuerzo y ventas que no alcanzaron las expectativas, decidió dar un paso más audaz en la búsqueda de un sitio más amplio para su negocio.

En 2020 logró materializar esa meta. “Pasaron unos meses y pude finalmente hacer todo el proceso legal; contraté a cuatro personas y logré estabilizar un buen equipo de trabajo en el barrio El Prado, en Bucaramanga”, recuerda Fuentes. A medida que el tiempo avanzaba, su emprendimiento logró encontrar una recepción positiva en la comunidad local, marcando el comienzo de lo que hoy conocemos como Venezziola.

El restaurante nacido del anhelo de una emprendedora por la gastronomía de su tierra natal, se estableció como un punto de encuentro donde la cocina venezolana y colombiana convergen, creando una fusión de sabores y tradiciones que rompe fronteras.

En cierto modo, el destino tenía otros planes, y en marzo de ese mismo año, apenas un mes después de la apertura oficial, la pandemia la obligó al cierre temporal del lugar. “No voy a negarlo, en algún momento pensé en renunciar y devolverme sin importar las pérdidas”, según cuenta. No obstante, la adversidad la llevó a utilizar las redes sociales como un aliado fundamental para mantenerlo vivo durante la pandemia.

La trayectoria de Venezziola y su impacto en la integración cultural de Bucaramanga
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La determinación y su amor por la cocina se tradujeron en un proyecto que va más allá de un simple negocio. Venezziola es un testimonio de integración cultural en la ciudad de Bucaramanga, un lugar que no solo es reconocido por sus platos típicos como las cachapas, empanadas, pabellón y arepas, sino también por su ambiente acogedor.

Ana Ribas, migrante del estado Yaracuy e integrante del equipo que creó Marina, cuenta que la relación que existe con compañeros de trabajo es amena. “Hemos aprendido de las diferentes gastronomías construyendo anécdotas, una de ellas es que los colombianos inician haciendo las arepas con bolsitas y unos meses después ya están haciéndolas con las palmas de las manos”. Además, añade que la cocina se convirtió en un lugar de sabores y tradiciones, que se unen para crear platos únicos.

“Estoy profundamente agradecida con la comunidad bumanguesa, han acogido mis productos, siendo esto un orgullo para nuestro equipo de trabajo”, comenta con gratitud Marina.

 

La integración cultural en este entorno laboral es un rasgo distintivo. Daniela Daza, una bumanguesa que forma parte del equipo, describe la experiencia de trabajar en Venezziola: “La relación entre colombianos y venezolanos es palpable en cada interacción, en cada plato servido, en cada sonrisa compartida. Es un honor ser parte de este proceso, de este intercambio cultural que enriquece tanto a nuestro equipo como a nuestros clientes.»

Es por esto que Marina Fuentes aspira a que sus productos de Venezziola se vendan en todo Colombia, apoyando a pequeños emprendedores. “Este año trabajaré en eso junto con mis cinco colaboradores”, comparte emocionada.

Venezziola no es solo un restaurante, es un testimonio de perseverancia, integración y sueños compartidos. En cada plato, en cada historia de vida, se refleja la fusión de dos culturas que han encontrado un hogar común en la gastronomía.

 
$!Marina Fuentes Coma, una ingeniera civil venezolana y propietaria del restaurante Venezziola, ubicado en la calle 45 # 29-24, en el barrio Sotomayor de Bucaramanga. Foto: Dainis Argote / VANGUARDIA
Marina Fuentes Coma, una ingeniera civil venezolana y propietaria del restaurante Venezziola, ubicado en la calle 45 # 29-24, en el barrio Sotomayor de Bucaramanga. Foto: Dainis Argote / VANGUARDIA

La determinación y su amor por la cocina se tradujeron en un proyecto que va más allá de un simple negocio. Venezziola es un testimonio de integración cultural en la ciudad de Bucaramanga, un lugar que no solo es reconocido por sus platos típicos como las cachapas, empanadas, pabellón y arepas, sino también por su ambiente acogedor.

Ana Ribas, migrante del estado Yaracuy e integrante del equipo que creó Marina, cuenta que la relación que existe con compañeros de trabajo es amena. “Hemos aprendido de las diferentes gastronomías construyendo anécdotas, una de ellas es que los colombianos inician haciendo las arepas con bolsitas y unos meses después ya están haciéndolas con las palmas de las manos”. Además, añade que la cocina se convirtió en un lugar de sabores y tradiciones, que se unen para crear platos únicos.

 

“Estoy profundamente agradecida con la comunidad bumanguesa, han acogido mis productos, siendo esto un orgullo para nuestro equipo de trabajo”, comenta con gratitud Marina.

La integración cultural en este entorno laboral es un rasgo distintivo. Daniela Daza, una bumanguesa que forma parte del equipo, describe la experiencia de trabajar en Venezziola: “La relación entre colombianos y venezolanos es palpable en cada interacción, en cada plato servido, en cada sonrisa compartida. Es un honor ser parte de este proceso, de este intercambio cultural que enriquece tanto a nuestro equipo como a nuestros clientes.»

Es por esto que Marina Fuentes aspira a que sus productos de Venezziola se vendan en todo Colombia, apoyando a pequeños emprendedores. “Este año trabajaré en eso junto con mis cinco colaboradores”, comparte emocionada.

 

Venezziola no es solo un restaurante, es un testimonio de perseverancia, integración y sueños compartidos. En cada plato, en cada historia de vida, se refleja la fusión de dos culturas que han encontrado un hogar común en la gastronomía.